Me estoy hartando, asqueando un poco de las palabras, porque son nada, comparado con un oído curioso y atento, una piel bien tocada y una mirada aguda y hambrienta.
Estoy muy cansada de decir cosas que nunca logro decir como las quiero, como debería, como las siento en las tripas, como las veo.Debe ser porque no las vivo... Puede ser. Porque cada letra intenta encontrar su “parceira”, pero se quedan sintiendo inútiles para realizar esta tarea, y siento que las palabra, letras, poemas mediocres, frases livianas, nunca son, nunca llegan, nunca pueden replicar mi taquicardia y humedad cuando estoy excitada, mi gran, mi enorme soledad cuando me niego a decirle que si a la vida, o mi gran dolor en las despedidas.
Porque la muerte es mi amiga y no logro describirla, no logro trasmitir el color de sus ojos, ni la tibieza de su abrazo, y las palabras impotentes siguen vanidosas creyendo que en su narcisismo idiota, pueden describir de algún modo un verdadero orgasmo, un real abandono.
Sí, me estoy cansando un poco de las palabras, pero no de todas, de las mías, que como yo, se quedan en la orilla, a medias tintas, se quedan y no se animan a saltar. Pero hay gente que sí sabe vivir, y me revienta la envidia de lo carajo de bien, que pueden escribir.